20/7/15

Asombrado por la neurología

Es increíble como después de una pelea (de un desaliento y una tristeza) el cerebro tiende a dividirse en tres partes. La mitad se vuelve inservible, obstruyendo toda posibilidad de floración de creatividad. Solo queda, desde ahí, un vestigio de una simpática nostalgia de algo y una sensación de depresión hacia “otro” algo. Una mitad de la segunda mitad es práctica como la inercia de cubrirse el rostro cuando viene un golpe de frente, con ella se puede lograr subsistir ante las obligaciones de la cotidianeidad. Y la última mitad de la segunda mitad (lo que queda), o sea un cuarto del total, es la oscuridad.
La oscuridad (neurológicamente hablando) es la parte más pesada del cerebro, tiende a arrastrarte consigo y en ocasiones se vuelve hacia el lado opuesto, pero siempre hacia abajo. Es muy difícil, cuando uno descansa la cabeza, ya sea por el hecho de acostarse a dormir o por haberse caído al suelo, levantarse y enderezarse para continuar. Pero cuanto más alto tenga uno la cabeza, los pensamientos son proporcionalmente densos a dicha altura; sin embargo, tenemos una mejor creciente hacia la superación. Eso es lo que llamo “posibilidades proporcionales”.
Las “posibilidades proporcionales” funcionan solo en el humano que tiene las neuronas compuestas por mariposas. Las mariposas (sin un humano al rededor) no se guían por su cerebro directamente, sino por sus antenas. Solo lo hacen en raras ocasiones, donde todo es una masa cerebral homogénea y sin posibilidades de dividirse, lo cual a mi opinión es un gran beneficio de la evolución. Cuando una mariposa decide girar hacia su derecha lo hace con todo el cerebro, pero no como un libre albedrio dado por un Theós sino por el hecho de doblar simplemente a la derecha, y está comprobado que la derecha es aleatoria, siendo así que podría haber sido la izquierda también y en ese mismo momento. Aunque suene esto a la teoría del caos, de la cual soy consciente, nada tiene que ver con el “efecto mariposa”. La mariposa no decide, solo termina la acción que pensó donde empieza a pensar la mariposa de al lado[1]. Ahora, un conjunto de miles y miles de mariposas rodeadas de un cráneo humano sí tiene poder de decisión. La membrana plasmática de dichos insectos es excitada eléctricamente por el exterior y a su vez por ellos mismos.
Llegado este punto y en el campo de la neurología un grupo de mariposas pueden salir triste y desagradablemente por las orejas. En el campo de la tristeza  la mariposa monarca se clava como un vidrio roto en el medio de la frente, guardando una dolorosa e imposible simetría en la distancia hasta cada oreja. En el campo de las mariposas la tristeza puede abrir la cabeza exactamente a la mitad y dejarlas libres, voladoras, eléctricas y hasta, a veces, felices.



[1] De ahí el dicho: Decisión de mariposa

No hay comentarios:

Publicar un comentario