Es increíble como después de una pelea (de un
desaliento y una tristeza) el cerebro tiende a dividirse en tres partes. La
mitad se vuelve inservible, obstruyendo toda posibilidad de floración de
creatividad. Solo queda, desde ahí, un vestigio de una simpática nostalgia de
algo y una sensación de depresión hacia “otro” algo. Una mitad de la segunda
mitad es práctica como la inercia de cubrirse el rostro cuando viene un golpe
de frente, con ella se puede lograr subsistir ante las obligaciones de la
cotidianeidad. Y la última mitad de la segunda mitad (lo que queda), o sea un
cuarto del total, es la oscuridad.
La
oscuridad (neurológicamente hablando) es la parte más pesada del cerebro,
tiende a arrastrarte consigo y en ocasiones se vuelve hacia el lado opuesto,
pero siempre hacia abajo. Es muy difícil, cuando uno descansa la cabeza, ya sea
por el hecho de acostarse a dormir o por haberse caído al suelo, levantarse y
enderezarse para continuar. Pero cuanto más alto tenga uno la cabeza, los
pensamientos son proporcionalmente densos a dicha altura; sin embargo, tenemos una
mejor creciente hacia la superación. Eso es lo que llamo “posibilidades proporcionales”.
Las
“posibilidades proporcionales” funcionan solo en el humano que tiene las
neuronas compuestas por mariposas. Las mariposas (sin un humano al rededor) no
se guían por su cerebro directamente, sino por sus antenas. Solo lo hacen en
raras ocasiones, donde todo es una masa cerebral homogénea y sin posibilidades
de dividirse, lo cual a mi opinión es un gran beneficio de la evolución. Cuando
una mariposa decide girar hacia su derecha lo hace con todo el cerebro, pero no
como un libre albedrio dado por un Theós sino por el hecho de doblar
simplemente a la derecha, y está comprobado que la derecha es aleatoria, siendo
así que podría haber sido la izquierda también y en ese mismo momento. Aunque
suene esto a la teoría del caos, de la cual soy consciente, nada tiene que ver
con el “efecto mariposa”. La mariposa no decide, solo termina la acción que
pensó donde empieza a pensar la mariposa de al lado[1].
Ahora, un conjunto de miles y miles de mariposas rodeadas de un cráneo humano
sí tiene poder de decisión. La membrana plasmática de dichos insectos es
excitada eléctricamente por el exterior y a su vez por ellos mismos.
Llegado
este punto y en el campo de la neurología un grupo de mariposas pueden salir
triste y desagradablemente por las orejas. En el campo de la tristeza la mariposa monarca se clava como un vidrio
roto en el medio de la frente, guardando una dolorosa e imposible simetría en
la distancia hasta cada oreja. En el campo de las mariposas la tristeza puede
abrir la cabeza exactamente a la mitad y dejarlas libres, voladoras, eléctricas
y hasta, a veces, felices.
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