11/7/15

Algún tren a Capital

Estaría muerto o dormido. No lo sabría. Pensaría en una historia que estaría ocurriéndome con un rugido adamantino. Otrora estaría sentado, como de costumbre, en el tren que viajaría hacia la capital. Perdido en los ojos de quien tendría enfrente, ya habría pasado la pintura de Chaplin llorando o riendo, no lo recuerdo. Yo no estaría como ahora, conforme con toda mi existencia aunque cargando la hipocondría en mi espalda. Le regalaría poco a quien, como dije antes, tendría enfrente. Un hombre sucio, despeinado y vestido de harapos que miraría mi pecho con desprecio y mal humor. Impertérrito y sabiendo que mi ropa demuestra un lugar en la sociedad que me supe ganar, observaría taciturno cómo dicho señor intentaría descifrar las letras de mi corbata (o eso creería yo). Iríamos por City Bell cuando se me ocurriría romper el silencio de puro aburrimiento.
-¿Qué? -le preguntaría.
-Soy iletrado -respondería él con orgullo. Sería entonces simpática la respuesta y amable en mi tono de voz.
-Son solo letras, una “J” y una “R”. Las iniciales de mi nombre.
Él sólo asentaría con la cabeza y seguiría mirando como si estuviera memorizándolas. Yo me sentiría seguro de ser una persona indeseablemente vituperable, pero sentiría también que mi vida está llena de atajos y aventuras que el pobre hombre nunca tendría la dicha de conocer. <<No, no me dirán que soy una mala persona, porque todos nosotros tenemos de los pensamientos más morbosos y repudiables y les aclaro que estoy siendo sincero>> pensaría.
Como decía, me dirigiría hacia la capital, mi vida sería eso. Llevar, traer, acumular, estudiar y vender. Negocios y cenas. Una vida excitante con un pequeño gusto amargo que lo endulzaría con mujeres y licor.  Para nada aburrida, como pensaría que fuese la de mi congénere de tren. Quizás su máxima aspiración fuera conseguir un techo donde pasar la noche; y su completa satisfacción, un poco de sopa para el estómago.
Entonces haría una pregunta más. Tal vez la pregunta más importante de mi vida.
-¿En qué piensa? -(tres palabras)
-En todo. En el tren, en la capital, en su corbata, en usted, en la gente como usted – diría y continuaría. -¿Alguna vez pisó barro descalzo?
Yo no respondería, nunca me pararía firmemente con mi piel en el tiempo. Y el hombre seguiría.
-¿Alguna vez corrió bajo la lluvia para refugiarse al calor de una hermosa fogata? ¿Sintió el viento en su cara como un aliento traído por alguien que lo está esperando?
Negaría con la cabeza, quizás nunca habría comido algo tan delicioso como la sopa en la vida de este hipotético personaje.
-¿Alguna vez…?
Daría un tímido mentiroso. Ingenuo yo de que en realidad no estaría descifrando mi corbata sino mi alma. Tajante y finalmente concluiría.
-Usted está hecho de iniciales, como su corbata. –diría con una tristeza disconforme.

Sentados un rato nos miraríamos como cómplices de algo que ninguno de los dos estaría dispuesto a hablar. Luego el hombre desaparecería como por arte de magia y la gente no se daría cuenta de lo que había acabado de pasar. Y yo, quizás, viajaría de La Plata a Constitución una y otra vez, muerto o dormido. Para el caso es lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario